28 de abril. Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo

 Desde 1996 se conmemora en este día a las víctimas de accidentes laborales y enfermedades profesionales, para visibilizar los efectos la avaricia empresarial y la falta de prevención. En 2003 queda instaurado de manera oficial el 28 de abril como día de especial significación en las reivindicaciones laborales de seguridad y salud, que tanta vigencia tiene en estos momentos.

  Producto de las fuertes luchas de la clase trabajadora por unas condiciones de trabajo dignas y seguras, en la Constitución de 1978 se incluyó la obligación de los poderes públicos de velar por la seguridad e higiene en el trabajo (Art.40.2) y en 1980, en el Estatuto de los Trabajadores (Art. 19). Pero no es hasta 1996 que entra en vigor la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, casi dos décadas de espera, que se haga una norma específica seguida de varios reales decretos sobre diferentes aspectos. Esto demuestra la nula prioridad y celeridad con la que actúan las administraciones en el campo de la seguridad y salud en el trabajo.

  Regulaciones incompletas o escasas, disposiciones que son simples recomendaciones, limitada capacidad de las Inspecciones de Trabajo y dilatados procesos judiciales, de resultado incierto, hacen que las personas trabajadoras veamos expuesta nuestra salud y nos encontremos con múltiples dificultades a la hora de defendernos.

  La actual crisis sanitaria provocada por el Covid-19 está poniendo de manifiesto como aún a expensas de la salud pública, el capital quiere mantener la producción no imprescindible y sus beneficios empresariales. Se presiona a trabajar en condiciones de exposición, sin equipos de protección individual (E.P.I.) suficientes ni protocolos de prevención adecuados y ante las lógicas resistencias se actúa con la amenaza y la sanción. Telepizza Zaragoza, Recogida Residuos de Telde, son algunos ejemplos de trabajadorxs que han sido sancionadxs por negarse a trabajar sin medios de protección.

  Auxiliares de Ayuda a Domicilio y de residencias asistenciales, que tratan con personas de alto riesgo,  a quienes las empresas que prestan el servicio no dotan de todas las medidas de protección, con el consentimiento de las administraciones que les pagan.

  La situación del personal sanitario es aún más grave; puestxs en la tesitura de hacer su indispensable trabajo sin unos medios de seguridad adecuados y con una sanidad pública recortada por sucesivos gobiernos, los contagios por Coronavirus han sido escandalosos con decenas de fallecidxs.

   Pero esta actitud de desprecio a la seguridad laboral y a la vida de quienes trabajamos, y por ende de la inmensa mayoría de la sociedad, no es algo nuevo y basta con ejemplos como el de la industria del Amianto (asbestos, “uralita”, etc) para ver como se ha envenenado a generaciones de trabajadorxs a sabiendas de los efectos de este material, se ha contaminado de cancerígenos sin control y como se sigue haciendo, con la connivencia de gobiernos, sin apenas asumir responsabilidades.

  Este año la campaña del Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo se planteó contra la violencia y acoso en el trabajo, y quizá lo que estamos viviendo nos llama a modificar estos objetivos, por la irrupción de la pandemia del Covid-19. Exponer a lxs trabajadorxs a esta pandemia de la cual se desconocen muchos aspectos, sin unas garantías de protección, manteniendo actividades que no son imprescindibles, no deja de ser otra forma grave de acoso laboral, mas aun cuando esto se ha hecho bajo la amenaza de la sanción o el despido.

  Tras la pandemia se vislumbra una situación social en la que de ninguna manera debemos aceptar los planteamientos criminales del capital y defender el derecho de todxs, en cualquier lugar del mundo, a trabajar con seguridad, con todas las medidas de prevención y vivir en un entorno saludable.

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