Libertad para Pablo Hasel

Tras la última condena impuesta al poeta y cantante Pablo Hasel por la Audiencia Nacional (no en vano sucesora del franquista Tribunal de Orden Público), éste entrará en la cárcel al considerar el tribunal que sus composiciones constituyen “injurias y a la corona” y “enaltecimiento del terrorismo”.

La misma Audiencia Nacional que ya le condenó hace años por estos delitos, decidió suspender la condena, algo que ahora no ha hecho al considerar la “reincidencia” del artista, que lejos de apartarse de sus opiniones políticas, las sigue manifestando en su producción artística. Esa Audiencia Nacional, está siendo la encargada de asestar un nuevo golpe (como ya sucedió con Valtonyc y otros artistas) al derecho a la libertad de expresión, yendo más allá de la petición de la fiscalía (en la línea de mantener la suspensión de su condena) y dejando bien a las claras la manera en la que los jueces -y el estado, por extensión- quieren ver a la sociedad: callada.

Resulta curioso que en este país, pretendidamente democrático, una persona vaya a la cárcel por componer y cantar canciones mientras que los delincuentes de guante blanco se sirven de todos los mecanismos del estado para evitar cualquier condena, reciben indultos, o se van a vivir a los Emiratos Arabes.

Este es un estado en el que las víctimas de la guerra civil y la dictadura  se siguen pudriendo en las cunetas ante la indiferencia de políticos y jueces; en el que torturadores como Billy el Niño mueren sin una sola condena en su expediente; en el que se ignoran las múltiples denuncias por abusos y malos tratos de las fuerzas policiales; en el que se tolera sin embozo la explotación laboral y los abusos cometidos contra las personas migrantes y contra gran parte de la clase trabajadora; en el que cada vez más gente tiene que hacer colas para pedir comida, mientras bancos y multinacionales aumentan sus ingresos; un estado en el que, del rey para abajo, cada cual roba lo que puede según su posición en la escala social porque eso es lo que nos enseñan con su conducta quienes mandan. Pero, si a alguien se le ocurre hacer una canción sobre todas esas cosas, se le mete en la cárcel.

El gobierno, lejos de defender la libertad de expresión (aún está reciente el decreto que permite al gobierno intervenir internet sin orden judicial previa por motivos de orden público, abriendo la puerta a un uso arbitrario del concepto de “orden público”) y los derechos de los que menos pueden defenderse, sigue manteniendo la ley mordaza y la reformas laborales de 2012; dos engendros de la derecha para desarticular la protesta social y laboral, condenando a la sociedad cada vez más al silencio y a la desmovilización; a la desintegración colectiva para mantener “el orden”. Un orden que es el cementerio de las ideas de progreso social y que nos lanza, a velocidad de vértigo, hacia los brazos del fascismo.

El caso de Pablo Hasel es uno más de los que nos avisa que mañana, puede ser cualquiera quien se vea entre rejas por decir lo que piensa, por hacer una pancarta,  por posicionarse en contra del poder; por escribir una canción. Y tenemos que defender el derecho a expresarnos, porque es el derecho a existir, en un mundo cada vez más coercitivo y opresor.

Las Marchas de la Dignidad-Córdoba apoyan la concentración convocada el próximo sábado 6 de febrero en el templete del bulevar a las a las 18,00 h. contra el encarcelamiento de Pablo Hasel y llaman a extender la solidaridad contra su condena.

Por la defensa de la libertad de expresión, libertad para Pablo Hasel.

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